Cómo gestionar nuestras emociones


Quedarse en casa. A priori, esto puede parecer sencillo. Sin embargo, para muchos de nosotros no está siendo así. Los días pasan y queda la incertidumbre. Desconocemos cuándo pasará todo y cómo serán las cosas. Nos cuesta recordar los días que llevamos encerrados, y los planes de futuro se tornan cada vez más difusos.


Y después están las pérdidas. Porque todos hemos perdido algo. Quizá en algunos casos se reduzca a la posibilidad de salir libremente. Pero también hemos perdido los saludos amistosos con nuestros vecinos, que ahora se han vuelto suspicaces y temerosos. Hemos perdido paseos de desconexión o de conexión con nosotros mismos. Hemos perdido la posibilidad de reunirnos, de tocarnos. Hemos perdido abrazos que ya no volverán nunca más.


Si antes nos dejábamos sostener entre nuestros seres queridos o en asociaciones como ALCER para afrontar las adversidades, ahora debemos hacerlo dentro de nuestros hogares. Hogares que pueden ser abrigo, que pueden ser lugares solitarios o pueden ser ásperos.


Ante este escenario es normal experimentar emociones que nos pueden llegar a parecer contradictorias. Momentos de subidas y bajadas. Pero, probablemente, imperen el miedo, la ira, la impotencia, la tristeza, la soledad.




Si esto es así, algunos consejos para gestionar las emociones son los siguientes:


  • Aceptarlas. Un paso importante es no luchar contra lo que sentimos. En ocasiones, dedicamos demasiadas fuerzas a no estar mal. Esto nos debilita e incluso puede llegar a generarnos culpa. Asumir nuestras emociones mal llamadas “negativas” de la misma manera que lo hacemos con las positivas, nos ayudará a gestionarlas.


  • Expresarlas. El hecho de poner palabras a nuestras emociones nos permite reconocerlas mejor. Es más fácil que nos desborden cuando no las entendemos. Al expresarlas podemos darlas sentido, ya sea a nosotros mismos (delante del espejo, escribiéndolas en un papel) o con los otros.