Cómo gestionar nuestras emociones

24/04/2020

Quedarse en casa. A priori, esto puede parecer sencillo. Sin embargo, para muchos de nosotros no está siendo así. Los días pasan y queda la incertidumbre. Desconocemos cuándo pasará todo y cómo serán las cosas. Nos cuesta recordar los días que llevamos encerrados, y los planes de futuro se tornan cada vez más difusos.

 

Y después están las pérdidas. Porque todos hemos perdido algo. Quizá en algunos casos se reduzca a la posibilidad de salir libremente. Pero también hemos perdido los saludos amistosos con nuestros vecinos, que ahora se han vuelto suspicaces y temerosos. Hemos perdido paseos de desconexión o de conexión con nosotros mismos. Hemos perdido la posibilidad de reunirnos, de tocarnos. Hemos perdido abrazos que ya no volverán nunca más.

 

Si antes nos dejábamos sostener entre nuestros seres queridos o en asociaciones como ALCER para afrontar las adversidades, ahora debemos hacerlo dentro de nuestros hogares. Hogares que pueden ser abrigo, que pueden ser lugares solitarios o pueden ser ásperos.

 

Ante este escenario es normal experimentar emociones que nos pueden llegar a parecer contradictorias. Momentos de subidas y bajadas. Pero, probablemente, imperen el miedo, la ira, la impotencia, la tristeza, la soledad.

 

 

 

Si esto es así, algunos consejos para gestionar las emociones son los siguientes:

 

  • Aceptarlas. Un paso importante es no luchar contra lo que sentimos. En ocasiones, dedicamos demasiadas fuerzas a no estar mal. Esto nos debilita e incluso puede llegar a generarnos culpa. Asumir nuestras emociones mal llamadas “negativas” de la misma manera que lo hacemos con las positivas, nos ayudará a gestionarlas.

 

  • Expresarlas. El hecho de poner palabras a nuestras emociones nos permite reconocerlas mejor. Es más fácil que nos desborden cuando no las entendemos. Al expresarlas podemos darlas sentido, ya sea a nosotros mismos (delante del espejo, escribiéndolas en un papel) o con los otros.

 

  • Apoyarse en el otro. Compartir lo que nos preocupa con personas que nos hagan sentir escuchados o escuchadas, atender a las estrategias que usan quienes están en nuestro mismo lugar… Llevar nuestras preocupaciones en soledad fomenta la magnificación de las mismas. El refrán dice “las penas compartidas, son menos penas”.

 

  • Buscar lo positivo. Cuando algo nos produce malestar, miedo, tendemos a centrarnos exclusivamente en eso. Dejamos a un lado los aspectos positivos hasta que llega un punto en que nos cuesta tremendamente poder verlos. Pero es imposible que no haya algo positivo, de la misma manera que si buscamos, seguro que encontramos algo negativo. Debemos esforzarnos en atender a aquello que nos agrada y nos hace sentirnos mejor.

 

  • No centrarnos exclusivamente en el problema. En relación al punto anterior, también es muy importante fijarnos menos en lo que está mal, y más en cómo vamos a abordarlo. No nos sirve de nada una descripción perfecta del problema si luego no reflexionamos sobre cómo vamos a afrontarlo. Y esto no significa dar soluciones a situaciones que en muchos casos no las tienen. Significa analizar qué pasos daremos: “ahora estoy mal y es normal, pero después de un tiempo me iré sintiendo mejor”, “veo que no lo estoy llevando bien, lo ideal será que busque ayuda”, “voy a permitirme coger fuerzas, después volveré a (estudiar, hacer gimnasia, leer, escuchar música...), esto me anima”.

 

  • Realizar actividades agradables: Hacer aquello que nos gusta no sólo es un simple pasatiempo. Nos ayuda a distraer nuestra atención en lo que nos angustia y ponerla en algo que disfrutamos. Poder hacer un paréntesis hará que nuestros niveles de estrés bajen, al menos durante un rato, y nos sintamos más fuertes y capaces al terminar. Además, es una buena manera de reforzar nuestra autoestima.

 

  • Relajarse: Las técnicas de respiración y relajación pueden incluirse dentro de las actividades agradables. Se trata de buscar un lugar tranquilo donde poder recostarnos y centrarnos en la respiración. Muchas veces, con sólo este gesto, nuestra respiración se vuelve más pausada. Favorece la relajación utilizar palabras tranquilizadoras, escuchar música relajante o algún vídeo de relajación guiada. Una técnica muy utilizada en psicología es la relajación muscular progresiva de Jackobson.

 

Itziar Domingo

Psicóloga de ALCER Bizkaia

 

 

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